El financiamiento de origen individual se observa con preferencia por proveedores y por excepción por aportes de capital que no sea accionario. La utilización en el financiamiento de proyectos, del recurso de acciones preferidas, propio de la forma sociedad anónima, presenta las ventajas y desventajas que se deducen de lo expuesto más adelante para dicho origen de fondos, pero es evidente, que si la rentabilidad del mismo excede el costo de las acciones preferidas habrá apalancamiento financiero y se incrementarán por consiguiente los réditos esperados por los que lleven a cabo la inversión. Sin embargo, también debe aceptarse, que tratándose de proyectos nuevos y de riesgo apreciable, hecho casi siempre implícito en todas las inversiones, no es probable ni frecuente hallar esta forma de financiamiento en inversiones privadas, pero es un recurso de utilidad para organismos especializados, porque garantizan sus acreencias con la participación en la propiedad, participan de las utilidades en una medida prudente dejando incentivos para la inversión privada y pueden intervenir en la conducción en caso de incumplimiento, dejando el camino libre para su rescate, una vez que se juzgue cumplida la finalidad que dio origen a su intervención.
Las fuentes de recursos destinadas a financiar proyectos de inversión por vía de préstamos complementarios del aporte de capital propio invertido por la empresa, gobierno o ente que realiza dichos proyectos, son variadas y de diversa naturaleza. Esta diversidad corresponde, por una parte, a la conformación de los mercados y sistemas financieros y, por otra, a la amplitud del campo cubierto por las operaciones que entran en la definición del financiamiento de proyectos. Este concepto se dirige hacia una inversión de magnitud, claramente identificable como un todo armónico, tal como se ha visto en la segunda parte de este texto, que, aun aceptando similitud de medios, presenta características especiales en cuanto a las fuentes suministradoras de fondos y en menor escala en cuanto a las formas. Distinguir entonces el financiamiento de proyectos del de cualquier otra inversión individual, resulta posible principalmente, desde el ángulo en que se analiza por su repercusión económica, donde interesa menos su volumen individual que su significación en el cumplimiento de una política.
Es por estas razones, íntimamente ligadas a planes de promoción y desarrollo, tanto locales como internacionales, que sin descartar para nada la participación de la banca comercial, es en general el sector de la banca de fomento o promoción la que más ha encarado el tema del financiamiento global de proyectos de inversión. Ha sido posible distinguir algunas características financieras de los proyectos que los alejan de la preferencia bancaria en su tratamiento ordinario, a saber:
1- Demanda de financiamiento por un volumen elevado frente al tradicional margen de endeudamiento de las empresas.
2- Maduración de inversiones por plazos prolongados y lapsos de puesta en marcha, sin generación de recursos.
3- Tradicionalmente lento recupero de las inversiones, a largo plazo, y rentabilidades de márgenes modestos.
4- Necesidad de imponer controles y seguimientos.
5- Disponibilidad de recursos suficientes, en la calidad, costo y plazo congruentes al financiamiento de proyectos.
6- Coeficiente de riesgo superior a las operaciones tradicionales.
7- Necesidad de personal técnico especializado en el análisis y evaluación de las operaciones planteadas.
8- Necesidad frecuente de instrumentar financiamientos especiales fuera de las condiciones comunes.
Estas y otras razones similares fundamentan sobradamente la necesidad de tratar como caso especial el financiamiento de proyectos, de la misma manera que se justifican plenamente instituciones dedicadas a estas actividades. Es útil y necesario a su vez, recordar la importancia que aparejan en el orden macroeconómico las inversiones y así el estado o las instituciones internacionales las promueven desde sus respectivas esferas, pero deben ser las empresas quienes las realizan, compartiendo de tal forma un solo objetivo desde distintos puntos de vista. La conocida “brecha bancaria” formada entre la demanda efectiva de las unidades económicas y la capacidad de las instituciones financieras, es generalmente más pronunciada en los países en desarrollo que en los industrializados y difiere en su estructura cualitativa y cuantitativa de un país a otro, pero principalmente existe,“debido a la naturaleza más riesgosa o intensiva en costos de ciertos servicios bancarios que por lo tanto no son ofrecidos por las instituciones privadas, por la falta de instrumentos y procedimientos financieros adecuados, por la falta de capacidad, en términos de calidad y cantidad del personal ejecutivo de bancos, por los cambios y nuevas orientaciones en la política de desarrollo, o las necesidades presentadas por los programas de emergencia”.
Las instituciones especializadas, en general las ubicadas entre las de fomento, tienen en cierto modo la responsabilidad de cubrir dicha brecha, existente en materia de servicios financieros. Asimismo, la labor que deben desarrollar estas instituciones está generalmente enmarcada dentro de estructuras sumamente imperfectas en donde la tarea del financiamiento a largo plazo se hace más difícil. Es destacable asimismo que las instituciones de desarrollo, prestan preponderante importancia a las repercusiones socioeconómicas de los proyectos, aspecto que, desde el punto de vista tratado aquí, desde una óptica totalmente de empresa privada no se analiza, pero aun no siendo esa la finalidad perseguida por la empresa, deberá encuadrarse a ella como exigencia para lograr un apoyo crediticio de naturaleza promocional en condiciones ventajosas. Con todo y aun cumpliendo requisitos socio económicos indispensables, los proyectos privados presentados en el marco de programas con esas finalidades, deberán asimismo presentar tasas de retorno favorables, aunque esta exigencia como política, haya sido criticada en numerosas oportunidades al ser de aplicación estricta en entidades de fomento.