Liquidez

La clásica acepción financiera del término ya visto repetidamente, es aplicable al concepto bancario, con un aditamento de relevante importancia: el interés básico será proporcionar la mayor seguridad a los fondos suministrados por los depositantes, pero especialmente por la responsabilidad que le cabe como elemento activo en la intermediación financiera. La empresa comercial es responsable ante los acreedores por el pago de sus obligaciones, tanto como el banco ante sus depositantes, pero no solo es suficiente que los activos bancarios sean sanos, sino que también el grado de facilidad de realización sea tal, que cubra totalmente el derecho de los mismos de retirar sus acreencias en cualquier momento, sino de página en el texto ya son a la vista, o exactamente en el instante de su vencimiento si son a plazo. La situación difiere considerablemente de la liquidez comercial. Los depositantes entregan sus fondos a una institución especializada por la confianza que les merece, despreocupándose de la colocación que hará ésta de los mismos, siendo su mayor incentivo para ello, aparte de la rentabilidad, el saber que contará con la disponibilidad de sus créditos a su solo requerimiento o vencimiento. La experiencia ha demostrado, por la ley de los grandes números, que al no retirarse todos los depósitos simultáneamente y por la acción de las renovaciones, es posible colocar las sumas recibidas en préstamos de plazo más prolongado que el de los fondos obtenidos. Por norma, los bancos colocan su patrimonio en inversiones fijas o en activos de eventual realización más lenta; queda entonces el grado de liquidez referido con especial énfasis a la política de préstamos, por lo tanto, si las medidas adoptadas por los bancos en ese sentido satisfacen los requisitos del riesgo, lograrán un grado de liquidez compatible con la actividad que desarrollan. Es justo señalar, que no obstante todos los resguardos que se tomen al respecto, es posible que se produzcan situaciones en que para cumplir los compromisos se deba apelar a recursos excepcionales. Para esto, los bancos pueden recurrir a créditos transitorios por préstamos entre las propias entidades, a apoyos excepcionales de la banca central, o inclusive a reservas constituidas con esas finalidades, en valores fácilmente realizables, venta o transferencia de cartera, o a la liquidación de otros activos, cuyo grado de movilización depende de la mayor o menor facilidad con que puede ser cedido, por ejemplo, documentos endosables. Sintetizando, la política de liquidez es el elemento que regula por un lado la política de crédito, en cuanto al plazo, volumen y asunción de riesgos, y por el otro será un factor expansivo o limitativo de la rentabilidad.

Rentabilidad

Como cualquier otra entidad productora de beneficios, ya sea éste su propósito fundamental o no, la entidad financiera obtiene los suyos, de la diferencia entre los ingresos netos generados por sus ventas y el total de sus costos operativos. En los bancos se cobran y pagan servicios y si bien los ingresos totales tienen similitud con las ventas de una empresa, siendo la actividad por excelencia, la de un intermediario financiero, los ingresos en realidad se miden por lo que comercialmente definiríamos como utilidad bruta, es decir deducido a los ingresos el costo de lo vendido. En el caso de los bancos este criterio se aplica a la diferencia existente entre la tasa activa, que es el “precio de los préstamos a sus clientes” y la tasa pasiva, que es el “precio del dinero recibido de sus depositantes”, o costo del dinero. Si bien ésta es la principal fuente generadora de la rentabilidad bancaria, la amplia actividad que desarrollan hoy día las instituciones en un sinnúmero de aspectos por los que perciben comisiones, hacen de toda esa modalidad un complemento casi indispensable, especialmente en la banca comercial. Pueden citarse así servicios tales como custodia de valores, tarjetas de crédito, pagos por cuenta de terceros, giros y transferencias, estudios e informes, etc. La fijación tanto de las tasas pasivas, que graduará la recepción de depósitos, como la de las activas, que regulará la colocación del crédito, constituyen en definitiva en un sistema financiero libre, la política de fijación de precios, que, teniendo en cuenta, como ya se expresó anteriormente, los requerimientos mínimos de liquidez y asumiendo determinada política de riesgo, darán las bases de la rentabilidad que podrá ser medida con referencia a diferentes parámetros.

Las operaciones de mercado abierto consisten en compras y ventas de obligaciones del Estado y otros valores, realizadas en el mercado libre (bolsas y mercados de valores), cuya consecuencia es un aumento o disminución del dinero emitido por el Banco Central. Conforme tal política el Banco Central al adquirir valores que están en poder de particulares o de entidades financieras, emite dinero o incrementa el saldo de las cuentas corrientes de las entidades financieras en dicha institución, aumentando la base monetaria. Si el Banco Central vende esos valores se produce un proceso inverso esterilizando dinero que estaba en poder del público o de entidades financieras, produciéndose una contracción en la asistencia financiera y un repunte en las tasas de interés. Por medio del redescuento el Banco Central descuenta a una entidad financiera, obligaciones primarias (pagaré, prenda, etc.) que esta había descontado previamente. De tal manera las entidades intermediarias cuentan con una fuente adicional de recursos a fin de nivelar su situación de liquidez, no obstante, lo cual su utilización dependerá de las condiciones generales que se fijen a la asignación y a la tasa de interés que se estipule para contar con el mismo. Carácter similar reviste la operación de anticipo, pero con un procedimiento distinto, pues los títulos valores se ofrecen en garantía, aunque los elementos esenciales son los mismos.