Políticas de las instituciones bancarias

En el plano general, las instituciones bancarias perfeccionaron sus políticas, dentro de las mayores o menores limitaciones que el contexto económico, financiero y principalmente legal les permitan. Por las características particulares de su actividad específica y al margen de la intensidad de las regulaciones, las entidades financieras se hallan comúnmente obligadas a cumplir una serie de normas fijadas por la autoridad competente, que llegan en circunstancias a limitar poderosamente su capacidad de decisión, pero a su vez, reciben por otra parte, también circunstancialmente, seguridades y garantías no comunes a otras actividades. Dentro entonces de un especial enmarcamiento, caben las decisiones propias de cada institución que muestran cómo “la orientación y conducción de un banco resultan de una conjunción de variables que se controlan y de parámetros que son para el banco datos que le vienen dados por el mercado, la ley o las autoridades monetarias y financieras. Igualmente, como en cualquier campo de la actividad económica, el tamaño del banco, su trayectoria histórica y su participación en el mercado, determinan el ámbito en el cual la institución tiene acotado su espacio de influencia y enmarcados los grados para su libertad de acción. Estos elementos, de los que derivan múltiples consecuencias concretas en el orden operativo, están presentes en la diversidad de entidades que actúan en el negocio bancario, en el amplísimo espectro que va desde los pequeños bancos minoristas que sirven a colectividades locales, hasta los grandes bancos internacionales cuya red de filiales y campo de operación abarcan prácticamente todo el mundo”. Sin embargo, sintéticamente es posible hacer resaltar aspectos, que, en forma independiente de la decisión, presuponen objetivos básicos en el manejo de las instituciones financieras, referidos especialmente a riesgo, liquidez y rentabilidad, que como puede apreciarse, no difieren sustancialmente de las aplicables a las empresas en lo general, pero que tienen connotaciones propias en lo singular.

Riesgo

Los bancos no perfeccionan una operación con el cobro de una venta, sino con la restitución de un préstamo después de un lapso, en el cual debieron concurrir participando en el riesgo de un negocio o inversión, únicamente por la contraprestación de una retribución fija, debiendo de este modo participar de una pérdida, sin gozar proporcionalmente de la eventual ganancia. Es interesante e ilustrativo al respecto el siguiente ejemplo:

a) Un comerciante otorga crédito a un cliente hasta un máximo de $10.000, con vencimiento a 30 días, con una utilidad sobre la venta del 10%. Supóngase que el cliente rota sus compras una vez por mes. Al cabo de un año habría realizado ventas por $120.000 con una utilidad de $12.000, con un riesgo de $10.000 por 30 días.

b) Un banco otorga un crédito de $10.000 a un cliente a un margen neto del 10% (supuestamente su tasa de ganancia). tendría en el año una utilidad de $1.200 y correría un riesgo de $10.000 durante un año.

Este sencillo ejemplo, puede anticipar las claras diferencias entre el tratamiento comercial y bancario de una operación de crédito, del mismo modo, que los diferentes puntos de vista con que puede ser analizada una misma operación financiera, desde la óptica empresarial comercial y bancaria. El beneficiario del crédito hace participar al banco de su propio negocio, pero al que solo ofrece un rendimiento fijo, limitado al interés, mientras queda para él, si se produce, el éxito excedente de la inversión. Esté hecho, desde el punto de vista financiero de la empresa, genera como en otros tipos de deudas similares, el efecto de apalancamiento financiero, basado justamente en el pago de un rendimiento fijo para el financiamiento de una inversión productiva. Es decir, el banco asume el riesgo del negocio que financia por medio de su cliente, a un costo fijo y el grado, o la propensión que tenga al riesgo, se plasma en su política de crédito. En definitiva, su cartera de clientes será la respuesta a la misma y a la ponderación que la institución haga de cada uno de los elementos básicos tenidos en cuenta para la asignación del crédito, según su propio criterio de evaluación del riesgo. A las consideraciones objetivas generales, los bancos incorporan también, sus propias apreciaciones subjetivas con respecto a otros elementos condicionantes de su política crediticia, imprimiéndole tonalidades conservadoras o liberales, según el grado de agresividad apetecible para afianzar o incrementar su participación en el mercado. También es probable que su política en la materia se dirija a la obtención de otros objetivos, tales como alcanzar un alto grado de especialización en ciertos tipos de préstamos, dirigirse preponderantemente a determinados sectores de la actividad económica, o a empresas de especial dimensión, como, por el contrario, no fomentar sus operaciones en ningún sentido, sino buscar la más alta diversificación del riesgo. En sentido genérico puede expresarse, especialmente en lo que hace a la banca comercial, que la figura ideal de crédito se representa como un préstamo de corto plazo, del tipo auto liquidable, con fines productivos o comerciales (105), entendiéndose por ello, a aquellos préstamos bancarios cuyo destino es financiar alguna operación que proveerá por sí misma los fondos necesarios a su propia cancelación.