Ajuste total

Se trata, mediante la adopción de un método de ajuste integral, resolver el problema de fondo, que origina en esencia el desajuste que produce el cambio en el valor de la unidad monetaria expresado como pérdida del valor adquisitivo, de forma de individualizar en ellos lo que es producto de acción empresarial propiamente dicha y lo que es producto del proceso inflacionario. Hay métodos que, si bien toman en cuenta las eventuales variaciones de todas las partidas, no solucionan cabalmente el problema, tal el caso de realizar el ajuste mediante la traducción de la unidad monetaria de una moneda que se desvaloriza, por otra presumiblemente más estable. 

Este método, a diferencia de los mencionados precedentemente, si bien cubre la corrección total de los estados, no proporciona una información suficientemente realista que abarque los demás aspectos, por cuanto los cambios en el valor relativo de una moneda con referencia a otra, por un lado no reflejan necesariamente su pérdida de valor adquisitivo en el orden interno, pues también está sujeto a las pérdidas del propio, y por otro, porque su cotización, en términos de moneda local, sufre variaciones por factores privativos del movimiento de cambios internacionales.

En otros casos, el método conforma un sistema que, calificándolo de integral, combina dos formas enunciadas anteriormente como parciales. Por un lado, se efectúa el revalúo del activo fijo y la emergente amortización, completándo con la creación de una reserva especial con cargo a resultados, mediante la aplicación del coeficiente de inflación del ejercicio, al capital en giro registrado al comienzo del mismo.

La existencia de diferentes esquemas que actúan sobre el mismo problema de forma parecida o similar a los expuestos, da idea que los métodos no se alejan mucho entre sí, por lo que se hará referencia al que se estima más completo en su filosofía, aunque también admite variaciones de forma. Este método aporta soluciones de importancia, pues a la vez que comprende un ajuste total, lo hace teniendo en cuenta directamente la corrección monetaria de los rubros y permite alcanzar con bastante aproximación los objetivos expresados con anterioridad.

Aceptando que la principal deformación la introduce un fenómeno económico que se caracteriza por una suba general de precios, que hace que la unidad monetaria nominal vaya perdiendo su valor en términos de poder adquisitivo, para obtener conclusiones válidas y separar de ellos los resultados propios de las operaciones. En tal sentido, es preciso como primer paso, determinar en qué forma y cuál es el factor que puede ser utilizado para medir la depreciación monetaria, objetivo central del trabajo.

– Provenga de una fuente responsable.

– Coeficiente de corrección.

El índice del nivel general de precios, utilizado habitualmente como patrón de medida para determinar la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, es un tradicional indicador del nivel del proceso inflacionario, constituyendo sin lugar a dudas una buena herramienta para aplicar a la corrección, a condición que cumpla con las condiciones básicas exigidas:

– Se disponga de él a intervalos frecuentes.

– Sea de amplia difusión.

Estos índices, están calculados en general por los cambios en precios agregados específicos y por lo tanto representan cambios promedios en conjunto, o dicho de otra forma representan en grandes magnitudes el cambio operado en los precios específicos.

Cabría pensar ante lo dicho por qué no se recurre en ese caso a utilizar directamente los índices de los precios específicos, pero se debe recordar que si se utilizara tal procedimiento, no implicaría otra cosa que modificar la valuación tradicional al costo histórico sustituyéndola por valuación al costo de reposición o de mercado, lo que desnaturalizan la esencia de este método, que consiste en mantener el costo histórico, utilizado en los estados contables, pero expresado en una moneda constante. Por otra parte, se perdería el concepto de generalidad, que también es objeto del sistema a adoptar, pues los precios específicos de los distintos ramos en que desenvuelven sus actividades las empresas pueden hallarse por sobre o debajo del Índice del nivel general de precios.

No obstante, aceptar este principio general, no invalida el reconocer que en determinadas circunstancias se justifiquen excepciones a la regla, tal como sucede en los casos de cuentas en moneda extranjera, en valores indizados u otras cuentas cuya valoración tenga relación con valores de mercado. En esas ocasiones, se tiene en cuenta siguiendo el criterio general, el costo histórico ajustado a la moneda actual, pero comparándolo con el valor de cotización de la moneda extranjera, el valor actualizado según los criterios de indización convenidos o el valor de mercado respectivamente, de forma de ajustar en más o en menos, la actualización practicada sobre el valor histórico, siguiendo el tradicional concepto de contabilización aplicado al sistema de ajuste: costo en moneda actualizada o mercado, el menor.

En nuestro país, se suministran índices con las características requeridas por organismos oficiales o privados responsables, que permiten aplicar el método con propiedad, pero tal como proponen los especialistas en el tema, sería aconsejable convenir la utilización uniforme de uno de ellos, a pesar que en algunas situaciones especiales no fuera el más recomendable, en cuyo caso no sería inconveniente dejar claramente señalada tal circunstancia. Los índices que gozan de mayor preferencia son el de “Costo de Vida” “Precios Mayoristas Nivel General” y “Precios Mayoristas no Agropecuarios” todos elaborados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Estos índices en general representan la variación promedio en los precios de un conjunto de artículos estimados representativos, de los que se supone no sufren grandes variaciones en su valor intrínseco y que de existir tenderán a compensarse. Se suele excluir asimismo del cómputo el precio de productos importados y en nuestro país particularmente, el de los productos agropecuarios, pues se estima que pueden experimentar variaciones significativas en su valor intrínseco.