Las nuevas tecnologías se podrían desplazar a los métodos tradicionales de pago, al adaptarse a las nuevas necesidades del cliente.

Los sistemas de pagos, que en su mayoría involucran entidades bancarias, atraviesan una transformación sin igual desde la incorporación de las innovaciones tecnológicas y que promete ser una transición en la era de la digitalización.
Este nuevo escenario impacta de manera directa a la función de las tarjetas de crédito, consideradas durante décadas una de las comodidades financieras, que hoy podrían transitar su recta final.
La tecnología biométrica es la herramienta que se convirtió en crucial para el cambio de paradigma. Con el reconocimiento facial y el escaneo de huellas dactilares, los clientes están frente a un panorama que propone un acelerado camino en cómo se realizan transacciones, de la manera más segura.
La transición al pago digital con seguridad
La biometría no es un concepto nuevo, ya que desde hace años se utiliza en sistemas de seguridad, desde desbloqueo de teléfonos hasta controles de acceso en oficinas. Sin embargo, su continuo desarrollo fue considerado para sumarlo a diversos sectores, y su aplicación en las finanzas está ganando un lugar importante.
Con periodos de pruebas de sistemas de pago que permiten a los clientes autorizar compras con su huella dactilar o reconocimiento facial en lugar de una tarjeta física, diversas empresas lo comenzaron a sumar a sus interfaces.
Para ello se utiliza una tecnología que funciona usando un “modelo” biométrico único de un individuo y almacenando de manera segura. Cuando un cliente realiza una transacción, su identidad biométrica se verifica instantáneamente, eliminando la necesidad de contraseñas, PIN o dispositivos físicos, como son las tarjetas.
De esta forma, se le da al cliente comodidad y seguridad, ya que las tarjetas como método físico puede perderse, ser robadas o clonadas, pero los sistemas biométricos eliminan estos riesgos al usar datos únicos que son casi imposibles de copiar. Estos dos factores impulsaron la aceptación de los consumidores.
En el mundo, este sistema se utiliza a gran escala. Asia es la líder en su adaptación ya que China, Japón y Corea del Sur registran una integración del reconocimiento facial en pagos diarios, con aplicaciones como Alipay y WeChat Pay. En Europa, están en este proceso, pero prioriza la privacidad con regulaciones, que limitan cómo se recopilan y almacenan los datos biométricos.
En América Latina y África usan la biometría para la inclusión financiera, dándole lugar a sectores no bancarizados a acceder a servicios mediante sistemas simples, como escaneos de huellas en teléfonos básicos.
En la industria financiera surgieron interrogantes en relación con la importancia del uso de las tarjetas de crédito, que podrían ser reemplazadas debido a que las operaciones financieras no requieren de un medio físico. Ante esto, los emisores de tarjetas se anticipan ofreciendo un enfoque proactivo, con la inversión en infraestructura biométrica.
El sistema bancario incorporó pagos biométricos, para responder a las nuevas exigencias y necesidades de los usuarios, donde la simplicidad y rapidez de los procesos es uno de los requisitos fundamentales.
No obstante, las tarjetas de crédito continúan siendo una herramienta primordial para el acceso al crédito y ofrecen beneficios adicionales, que aún no son reemplazados como recompensas. Se especula que el escenario será híbrido, combinando innovaciones con las herramientas tradicionales.