Bajo este rubro se pretende incluir, también a título totalmente convencional, la serie de decisiones que corresponden a la magnitud de la organización de la empresa. Una vez determinada la dimensión operativa y resueltos todos los problemas relativos a la concreción del proyecto, se alcanza el grado necesario de conocimiento como para valorar aproximadamente el monto de la inversión. Es decir, decida sobre las características de la empresa que llevado a cabo el mismo trato en su estructura jurídica, como en sus modalidades de la primera, debe ser el producto en dicho sentido, siendo evidente, que en proyectos de las reales necesita estudio. La adopción del tipo anónima es casi ineludible, de su administración; pero ello no es un hecho imprescindible ni relacionado con el tema.
Así, será preciso prestar atención las posibilidades de que el costos de constitución de la sociedad, ciudades de nuevos incrementos de capital, a la necesidad o no decisiones impositivas, que surgirán diferenciales según la forma jurisdicciones legales y establecer relaciones con las autoridades gubernamentales, especialmente para proyectos que prevén financiamientos externos por préstamos o radicaciones de capital, o si la empresa ha sido concebida sobre la base de determinados incentivos o preferencias legales. La política futura de distribución de utilidades, particularmente cuando se trata de retribución a capitales extranjeros, también formará parte de los elementos a tener en cuenta en la decisión que nos ocupa.
En lo administrativo, es necesario adecuar la estructura a las condiciones de magnitud e importancia de la empresa en su conjunto y si bien es aceptable, que en una primera etapa no se podrá alcanzar un alto grado de precisión, sí será posible marcar las grandes líneas de organización administrativa, que permitan sobre todo estimar los costos que producirá el esquema previsto. Es factible que haya que trazar dos esquemas administrativos diferentes: uno para la etapa de ejecución y puesta en marcha y otro para el funcionamiento. La falta de una buena organización administrativa puede dificultar en gran medida el desarrollo de los planes previstos, que eleve los costos innecesariamente, alargue los plazos más allá de lo previsible e inclusive llegue a hacer fracasar al propio proyecto.
Párrafo aparte merece el tratamiento de este tema en una empresa en marcha, pues supuestamente la misma, al momento de llevar a cabo la inversión debe contar ya con un aparato administrativo suficiente, aunque, sin embargo, esto no es imperiosamente todos los casos. No es infrecuente que una determinada empresa decida llevar a cabo un proyecto, que independientemente de su magnitud, comprometa en alto grado el desenvolvimiento futuro de la misma, ateniéndose a su repercusión relativa para ella. En este caso, es cuando se hace más necesaria la atención a prestar a la organización, pues no siempre la existente es capaz de absorber el cambio que implica una nueva posición en el mercado, una distinta y a lo mejor más sofisticada forma de producción, nuevas relaciones con nuevos organismos, la asunción de distintos y crecientes riesgos, y, en fin, percibir que posiblemente se trate en realidad de una nueva empresa con solo la forma jurídica de la existente. Financieramente, se trata de un centro de decisión inducido por las condiciones del proyecto en su conjunto. Lo que se trata de decir, es que, si bien todos los rubros que comprenden este apartado, pueden aparentemente tener una decisión autónoma, ello no es absolutamente así. Existe un marco general, dentro del cual deberán moverse todas las decisiones de este tipo y a las que habrá de responder la organización, tanto en la magnitud como en la calidad de las prestaciones, pues no es posible ignorar las profundas diferencias que requiere la administración de una gran empresa frente a una mediana o pequeña. El nivel de adecuamiento de la relación, empresa organización, se traducirá definitivamente en los costos totales de financiamiento y producción, por lo tanto, el grado en que éstos se vean afectados por tales gastos y su capacidad de absorción, estará indicando la relatividad adecuada o no, de ambos conceptos. En definitiva, las decisiones que se adopten en esta materia, se manifestarán traducidas financieramente en los costos totales, por lo cual incidirán en los flujos netos de fondos y en las inversiones, por la parte correspondiente a los gastos hasta la puesta en marcha. En ambos casos derivarán sus consecuencias a la rentabilidad del proyecto.