El concepto de inversiones en activos de trabajo, merece un comentario especial, referido al alcance que aquí se debe otorgar a este tipo de inversiones. Se ha expresado anteriormente, que el monto de la inversión global o costo total del proyecto, se integra por el monto de las inversiones fijas, ya comentadas, más el monto de los activos de trabajo. En dicho cómputo se tiene en cuenta, tal como se expresa, solamente dicho activo, no el capital de trabajo, por cuanto ello implicaría deducir del mismo el pasivo de vencimiento a corto plazo, método no aplicable, por cuanto dicho pasivo constituye una forma de financiamiento, lo que ha sido excluido específicamente del tema general que se trata. Los activos de trabajo, integran la parte del patrimonio destinada a atender las necesidades de producción, distribución y comercialización de las empresas, cualquiera sea su actividad. Se trata en general de acervos sustancialmente distintos a los vistos precedentemente y se los distingue con diferentes denominaciones, tales como activos corrientes, circulantes, operativos, u otros parecidos, pero que siempre dan idea dinámica de su naturaleza, lo que así sucede realmente. Este concepto realista, en cuanto se refiere a su constante transformación y renovación, puede llevar a la equivocada idea financiera que los mismos no constituyen una inversión similar a la de los activos fijos; sin embargo, aunque circulen y giren a lo largo del período, hay una proporción que queda permanentemente estática, a la manera de un recipiente de agua, con dos orificios que permitan el libre ingreso y salida de la misma, manteniendo siempre el mismo nivel en el recipiente. Este figurado recipiente, no está formado por un solo compartimiento sino por varios, que representan cada una de las etapas de cualquier proceso productivo o comercial. Responden tradicionalmente a cuatro etapas bien definidas, guardando estrecha relación con cada actividad, de manera tal que pueda ser una más significativa que otra, o aun siendo alguna inexistente. Estos modos o formas que toman los activos de trabajo pueden clasificarse así:
Disponibilidades
Proceso de producción
Inventarios
Cuentas a cobrar
Las cifras adicionadas de un balance que explicitan estos rubros, también constituyen el activo de trabajo, pero a diferencia del que se determina como inversión en un proyecto, sólo son la expresión a una fecha cierta del uso dado a los fondos originados en el curso de la explotación en ese destino y bien puede exceder o estar en déficit frente al que aquí debe ser calculado que es: el mínimo necesario para lograr las pautas de producción y de ingresos previstos en el proyecto.
Visto desde diferente ángulo, el activo de trabajo debe cubrir las necesidades de producción, comercialización y finanzas, surgidas de todas y cada una de las decisiones tomadas, que se dirigen al cumplimiento del programa, de tal forma, que como se verá más adelante, será la simple traducción monetaria de las modalidades y formas de comercialización, de los sistemas y métodos de producción y de los financiamientos que se otorguen a terceros.
La necesidad de expresar su valor mínimo, responde a los principios elementales de rentabilidad, donde el nivel más alto se logra, tratándose de un valor relativo, tanto elevando los rendimientos, como reduciendo al máximo permisible el nivel de la inversión. Como se ha visto, el total de la misma lo forma el activo fijo más el activo de trabajo, por lo tanto, financieramente, ambos conceptos se cobijan bajo similares condiciones y si cuando se estiman las necesidades del primero, se trata de obtener con la mínima inversión el mayor rendimiento, en el segundo caso resulta exactamente igual.