La inflación

El fenómeno inflacionario ha adquirido una importancia creciente en la mayor parte de los países, en tal forma que prácticamente ninguno ha dejado de soportar sus efectos, siendo las diferencias entre los distintos procesos sólo de causas, por cuanto en sus consecuencias ha sido de grado. 

Es común hoy la opinión que el aumento de precios, traducidos en la desvalorización de la moneda, no es algo esporádico y aislado, sino que es un fenómeno que debemos considerar como normal, o al menos inherente a la lógica del sistema capitalista, dice A.S.Suárez y Suárez.

Queda fuera del alcance de este texto, profundizar en un tema del que se ocupan en extensión los estudiosos de la teoría económica, pero si bien aquí preocupa primordialmente la deformación que introduce en los estados contables, no es menos cierto que el conocimiento de las circunstancias que sirven para evaluar las perspectivas inflacionarias juega un papel preponderante en la preparación de pronósticos. Es más, la correcta evaluación de dichas perspectivas ha alcanzado una trascendencia tan notable en la programación financiera, tal el caso de nuestro país en los últimos años, qué podemos decir que es alrededor de las mismas y en su función, en que se fundamentan todas las políticas financieras empresariales.

El tema resulta por lo demás frondoso para pretender condensar en pocas líneas, especialmente si se contemplan las diferentes interpretaciones que hacen del proceso los distintos autores, tanto de sus motivaciones, como de su propia definición, o sobre las formas de atacar y corregirlo. Dejando entonces de lado toda otra consideración por interesante que resulte, baste decir a los fines perseguidos que el proceso inflacionario tiene una característica: el progresivo aumento de los precios o como se expresara anteriormente, la creciente pérdida de valor adquisitivo de la moneda.

No puede dejarse de lado, considerar este fenómeno y sus repercusiones en los estudios históricos y menos aún no tenerlo presente en las futuras decisiones, especialmente en la incidencia que produce en la selección de proyectos de inversión. Siguiendo sin embargo la metodología ya referida en el desarrollo del texto, los comentarios se realizarán por separado, primeramente, con referencia a los estados contables y posteriormente, en la segunda parte, en relación a las decisiones de inversión. 

En estas últimas, la necesidad clave, es pronosticar la tasa de inflación, o sea cuantificar un cambio esperado en el comportamiento de un índice de precios, lo que constituye como es evidente una variable totalmente aleatoria, que responde a una distribución de probabilidades de los numerosos factores intervinientes.

Tratándose por el contrario del análisis de estados contables, dicha tasa ya es conocida y aparte del elemento circunstancial en la elección del índice de ajuste, donde se pueden presentar diferencias, es factible adoptar un método convencional que permita corregir dichos estados. 

La inflación puede obedecer a razones de distinta causa, pero ya sea ella producida por la demanda, los costos, o por causas estructurales, las mismas solo expresan una situación, estática o dinámica, como ya se ha visto, pero en definitiva histórica, valga la redundancia ya acaecida, donde lo único que importa es conocerla en su verdadera dimensión y no engañosamente. 

Para evitar considerar tales estados, como si se observan desde arriba de una lupa, se ha intentado la búsqueda de soluciones posibles, en lo que nada tienen que ver las disposiciones o medidas conducentes a ejercer su control o reducción, que constituyen por otra parte medidas de política económica.  La sola utilización de estados ajustados, puede llegar en definitiva a hacer tan confusa o más, la expresión contable, que lo que era anteriormente, principalmente por carecer de comparación, pudiéndose llegar a la paradoja de contar en última instancia, con una información tan irrelevante o más que antes por falta de claridad, solamente que ajustada. Recapitulando, se admite la necesidad imperiosa de tratar el análisis financiero mediante la utilización de cifras homogéneas, es decir ajustadas, pues son innumerables las posibilidades de error al no tenerlas en cuenta, pero se entiende también que no es conveniente no relacionar las mismas con la información a valores corrientes, pues de la misma forma, ello puede dar lugar a errores interpretativos y fundamentalmente de valuación. 

Si bien existe un consenso general favorable a la aplicación de mecanismos de ajuste, las opiniones se hallan muy divididas en cuanto a las formas, los índices e inclusive a la validez total de los resultados. También existen críticas a la contabilidad ajustada al nivel general de precios, aduciendo entre otras razones sus sostenedores, que, si bien los datos de costos históricos tradicionales no presentan los valores actuales o corrientes, tampoco lo presentan los ajustados, por lo tanto, si lo que se necesita es información sobre valores actuales o corrientes para evaluar el desempeño económico y tomar decisiones precisas, la contabilidad así ajustada tampoco los proporciona. Se reconoce por otra parte, que la mejor solución al problema sería la aplicación de un sistema, que permitiera incorporar los valores actuales o corrientes como los cambios en el nivel general de precios, pero se admite la dificultad práctica para su implementación.

Planteado el problema como hasta aquí, surge la necesidad de encontrar soluciones afrontando el riesgo de que las mismas no sean integrales en cuanto a la cobertura de todas las alternativas.