Existen diferencias apreciables en los efectos inflacionarios que se han visto y los que dicho fenómeno introduce en los flujos operativos. En primer lugar, el problema de la determinación de la tasa se hace más complicado, pues a los inconvenientes ya vistos hay que agregar los ocasionados por el efecto acumulativo y cambiante de la misma, en razón del alejamiento en el tiempo de los flujos esperados en relación a la fecha programada de la inversión y del momento de producir los cálculos de las estimaciones. Asimismo, al tratarse los flujos netos de una diferencia entre ingresos y egresos, la inflación puede afectar en forma distinta a ambos, lo que hacemos difícil encontrar métodos de corrección de aplicación uniformes en todos los casos. Si bien es posible que determinados proyectos se vean menos influidos que otros por los efectos de algún impacto inflacionario en razón de condiciones particulares, en realidad, existiendo inflación, dichos casos pueden considerarse excepcionales. Inclusive, aceptando que el volumen no se vea afectado en su cuantía, el flujo neto esperado se verá modificado en su valor monetario, que irá perdiendo poder adquisitivo a medida que se extienda su percepción en el tiempo.
Cuando se aplican a los flujos las reglas del descuento, lo que se tiene en cuenta es el “valor tiempo del dinero”, medido por el interés, pero no se incluye en dicho concepto referencia a la inflación, por lo que corresponde en su caso hacerlo, aspectos éstos todos a tener en cuenta al aplicar los criterios de evaluación de las inversiones en proyecciones, donde el tipo de interés vigente durante la vida útil del proyecto permanece constante en su valor nominal, o según los valores pactados inicialmente. Fuera de esta circunstancia, se aceptará como primera posibilidad, aunque admitiendo como difícil, que hay casos especiales en que la inflación no afecta al volumen de los ingresos netos. Cuando por el contrario los flujos de fondos son afectados en su magnitud caben dos alternativas: una que afecten a los ingresos y a los egresos en medida similar y otra que lo hagan con diferente intensidad. En la primera situación, puede esperarse que, habiendo un proceso general de suba de precios, también se incrementen los correspondientes al proyecto, lo que se traducirá en un aumento de los flujos positivos esperados. Sin embargo, la suba general de precios también deberá hacer sentir su incidencia en los egresos, que en este caso se supone similar a la sufrida por los ingresos, no obstante, lo cual es probable que los primeros experimentan un retraso con respecto a los segundos, por lo cual los flujos netos en definitiva aparecerán aumentados en cada uno de los períodos determinados. La posibilidad de que este hecho se verifique dependerá de la elasticidad precio de la demanda del input, que podría ser más baja que la elasticidad precio de la demanda de los insumos. El retardo en los ajustes ya sea del precio del output respecto de los inputs, o viceversa es un factor a considerar, ya que produciría ganancias o pérdidas temporales haciendo variar el flujo real de caja.
A. Suárez y Suárez (67), señala que “cuando el valor nominal de los flujos de caja aumenta al mismo ritmo que el índice general de precios, volvemos a encontrarnos con las fórmulas clásicas que nos definen el valor capital y la tasa de retorno en épocas de estabilidad económica”. Una vez en ese punto, se puede introducir el efecto de la inflación en términos de elasticidad, pudiéndose expresar así:
Ef=1+f1+g siendo:
Ef: Variación de los flujos netos al variar el nivel de precios.
f: Incremento en cada período, expresado en tanto por uno, del valor nominal de los flujos netos de fondos a causa de la inflación.
g: Tasa de inflación esperada, para el correspondiente período, expresada en tanto por uno.
Concluye el autor antes referido expresando, que, si Ef. es mayor que la unidad, la inflación influye favorablemente sobre la inversión, si es menor repercute negativamente y siendo igual a uno, será neutro.
Por último, cabe analizar la situación que se presenta cuando la corriente de ingresos y egresos se ve afectada por el proceso inflacionario en forma disímil. En ese caso, deberá distinguirse el efecto de la suba general de precios sobre el valor nominal de los ingresos y de los egresos por separado, analizando ambas elasticidades y relacionándolas con la tasa inflacionaria. Así se tendrá que: cyp: las tasas de crecimiento nominal a consecuencia de la inflación, también de ambos conceptos; expresados en tanto por uno.
g: la tasa de inflación esperada, expresada en tanto por uno.
Ec=1+c1+gyEp=1+p1+g siendo:
Ec y Ep: la elasticidad con relación al incremento general de precios de los ingresos y egresos, respectivamente.
Finalmente, sintetiza el autor que se ha seguido en el tema, se puede comprobar fácilmente que si Ec > Ep, la inflación repercute favorablemente sobre la inversión, si Ec < Ep lo hace negativamente, siendo insensible a la misma cuando ambas elasticidades son iguales.
Como puede apreciarse en lo expuesto, no resulta demasiado simple separar los efectos de la inflación en su cuantía, de los efectos aparejados en la evaluación del proyecto, ya que esto es consecuencia de lo primero, pero ha parecido lógico puntualizar ambas circunstancias, principalmente a modo de justificación del criterio adoptado anteriormente, de trabajar bajo la hipótesis de la falta de inflación, verificando posteriormente la probable incidencia de la misma, no sólo en los términos relativos de evaluación, sino en la variación de valores nominales, que indudablemente afectarán las necesidades de financiamiento, ya que “al negociar el mismo, se deben asegurar los fondos necesarios para cubrir el costo actual, más una provisión de escalamiento por inflación”.
Esto último tiene importancia naturalmente, porque las fuentes de financiación del proyecto, crédito y capital propio deberán mantener su valor con relación a la variación del costo de la inversión. Esto supone que el capital propio disponible al tomar la decisión, deberá incrementarse en un volumen proporcional al aumento de costos que se produzca, al mismo tiempo que el incremento nominal del crédito demandado deberá ser negociado preventivamente, ya que no existe garantía de automaticidad en este sentido.