La determinación del resultado neto, del movimiento positivo (ingresos) y negativo (egresos) en los flujos de efectivo, que serán producto y consecuencia de llevar a la práctica la inversión en un proyecto, constituyen la base fundamental para su evaluación, o sea la determinación de la conveniencia de llevarlo a la práctica o desecharlo, ya comparándolo con otras posibilidades de inversión o con los rendimientos mínimos exigidos. Este análisis se realiza, tomando en cuenta exclusivamente las variaciones, que, como consecuencia de la decisión, se producirán en tales fondos a valores corrientes, dejando de lado expresamente por ahora, las referidas al valor de la moneda y las que posiblemente puedan producirse en los flujos brutos, calculadas como producto de contingencias futuras que entran en el análisis de riesgo.
Si bien el costo de la inversión original, activo fijo más activos de trabajo, constituyen un egreso de fondos, a efectos de este cálculo se la considerará por separado y se hará referencia, al hablar de flujos netos, a los que serán producto de dicha inversión, es decir, los operativos. A su vez, serán tenidos en cuenta, cuando se trate de una empresa que se halla en operación, solo los que representen cambios con los preexistentes.
Teniendo en cuenta asimismo, que este análisis se hará desde el punto de vista de los propietarios actuales o futuros, desde cuya óptica deberá decidirse en definitiva la inversión proyectada, los flujos de fondos a tomar en consideración se calcularán después de la deducción que corresponda, en cualquier carácter por impuestos que graven los beneficios a obtener después de realizada la inversión.
Utilidad contable y flujos de efectivo
El sistema tradicional contable, asigna los gastos e ingresos a los períodos en que tales gastos se realizaron o incurrieron y no a los períodos en que los mismos se hicieron efectivos, es decir, la contabilidad por lo general, aplica el sistema conocido por devengado. En el presente tema se utilizará sin embargo el sistema denominado del percibido, o sea se computará el ingreso o el gasto en el momento de su efectiva erogación financiera. Esta diferencia es de importancia, pues el concepto marca clara separación en la posterior aplicación de los criterios de evaluación, pero también es casi un axioma, de aplicación constante en los estudios financieros, que no contradice en absoluto la técnica contable, pero que frente a los propósitos ulterior debe ser utilizada con ajustes. Teniendo también en cuenta, que los proyectos parciales dentro de una empresa en marcha, afectan por lo común, en forma directa o indirecta toda la actividad en su conjunto, resulta preferible, al proceder a la estimación de los flujos netos, adoptar un criterio global de forma tal, que si el proyecto altera los movimientos de efectivo en áreas de la empresa no alcanzadas aparentemente por el mismo, se compensen las positivas y negativas, permitiendo el estudio de una sola variación para toda la empresa en su conjunto. El principio básico en estas estimaciones, radica en la aplicación de un criterio simple, que indica que los flujos netos de efectivo se verán incrementados como consecuencia de llevar a la práctica la inversión, tanto por el incremento de los ingresos, como por la reducción de los egresos.

Así, el proyecto podrá aportar flujos netos, como consecuencia tanto de un aumento más que proporcional de los ingresos con respecto a los costos, o de una reducción más que proporcional de los segundos con respecto a los primeros. Para llevar a la práctica estas observaciones, es conveniente hacerlo partiendo de las registraciones contables en cuanto no reflejan los movimientos necesarios para los fines buscados. Los flujos netos de efectivo en la acepción dada serían en definitiva, las utilidades “financieras” líquidas y realizadas, que se identifican con las utilidades producidas y cobradas de una inversión permanente en efectivo, en la cual la inversión original, es una imposición financiera y los flujos de efectivo los reintegros por amortización e intereses generados por la misma. Si se tratara, cómo se comparó, de una tradicional inversión financiera los términos del problema serían claros y definidos, pues surgirían de una convención entre partes, situación que no se presenta tan claramente al tratarse de un proyecto. En ese caso el monto de la inversión es desconocido, debiéndose determinar, para lo cual se debe apelar a la aplicación de todos los conocimientos técnicos mencionados para la confección del mismo, y de la seguridad en el cálculo dependerá la determinación precisa o no de la inversión. De la misma forma, deberán estimarse los flujos futuros de fondos que serán producto de la misma y que al igual, surgirán de estimaciones, en las que sus posibilidades de cumplimiento quedarán sujetas a las de diversas y variables circunstancias, que deben ser estimadas cualitativamente. La necesidad de lograr la mayor aproximación en la determinación de los flujos de fondos estimados, resulta a todas luces de tanta importancia como la del propio cálculo del monto de la inversión, pues por las características que revisten ambos, y más precisamente por la influencia que tiene sobre ellos la programación en el tiempo, hace que la probabilidad de error o variación en las proyecciones de los flujos, los haga más vulnerables. No resulta demasiado fácil evitar errores en las estimaciones, principalmente en aquellas ligadas a los ingresos, pues a pesar de las precauciones que puedan tomarse con respecto a la acogida por el mercado del producto, aun logradas calidades, precios, y condiciones de comercialización, la respuesta final corresponde a los sectores externos de la empresa. Esta sólo puede actuar mediante incentivos, pero la decisión final le es extraña y puede verse alterada por condiciones o factores que nada tengan que ver con la propia acción desarrollada. La decisión de incorporar un nuevo equipo, o modificar un sistema de producción, no garantiza que se pueda vender en la medida proyectada, ni que se podrán mantener los precios o no surgirán nuevos competidores. Las reducciones previstas en las salidas de efectivo que incrementen los flujos netos, como derivación de la realización del proyecto, si bien tampoco presumen un alto grado de certeza, al quedar referidas a la decisión interna de la empresa, resultan más manejables y por lo tanto con menos posibilidad de sufrir grandes alteraciones. Su variación relativa frente a los ingresos tiene menor perspectiva de fluctuación. Existen por otra parte, cantidad de situaciones, que, si no tornan imposible el cálculo preciso de estos flujos, tampoco lo facilitan. Así no es sencillo establecer a veces la incidencia del proyecto frente a determinados gastos indirectos de fabricación, ni computar con exactitud los eventuales ahorros que pueden obtenerse del mayor o menor rendimiento en la utilización de espacios disponibles, o de lo que debe primar es el criterio para medir su importancia, pues es presumible, que tratándose de situaciones como las mencionadas, su representatividad en el cómputo de los flujos, no ha de ser muy significativa, pues si su incidencia es preponderante, también es concebible que sea más claramente determinada.