Aspectos financieros en la graduación de stocks

En las consideraciones precedentes, se ha excluido la mención a todo tema que se aparte del cálculo técnico de las existencias; sin embargo, sin alterar el aprovisionamiento requerido, tanto en la faz productiva como comercial, es posible que justificadamente se modifiquen los límites previstos. Para la dilucidación de este problema, se deberán tener en cuenta tres aspectos especiales: la cantidad óptima del pedido, cuando se trata específicamente de materias primas o materiales y el costo del dinero y/o la inflación en todos los casos. Con respecto al lote más económico de pedido, en el que también hay que considerar el tiempo que demanda el abastecimiento, cabe aplicar todas las técnicas apropiadas referentes a la administración de inventarios, pero es posible sintetizar expresando que la cantidad óptima de inventario, coincide con el punto mínimo de existencias, señalado por la igualdad de los costos ascendentes marginales y los costos descendentes marginales. Los primeros son los costos que aumentan al incrementarse los inventarios, por ejemplo, almacenamiento, intereses sobre recursos inmovilizados, deterioros, obsolescencia, etc., y los segundos, los que se reducen al aumentar las existencias, como por ejemplo las rebajas de precios por compras de mayor volumen, el riesgo por desabastecimientos y el incremento de precios.

Cuentas por cobrar

Este rubro del activo de trabajo, exclusivamente financiero, guarda no obstante claras similitudes con los restantes que integran dichos activos, en cuanto constituyen, tal como se ha visto anteriormente, una inmovilización financiera más, asignada a los capitales evolutivos. Es en definitiva solamente otra etapa indispensable al giro, por el cual las materias primas vuelven a transformarse en dinero, que alimentará otra vez al proceso productivo.

Su cálculo, como en los demás casos, se halla vinculado a las pautas esenciales del proyecto: volumen pronosticado de ventas a crédito y período medio calculado entre ventas y cobros. La inversión en este rubro, tendrá por consiguiente una estrecha relación con las previsiones efectuadas en los pronósticos iniciales, ya que tanto el precio final del producto, como los volúmenes totales de ventas estimados, se deben calcular teniendo en cuenta el mercado, al que se llegará precisamente cumpliendo las condiciones crediticias que aquí se explicitan.

Es común que la inversión en cuentas a cobrar se valúa a precios de venta, por cuanto esta es la expresión final del crédito, en base al documento demostrativo de la operación. Puede aceptarse este criterio desde un punto de vista conservador, por cuanto en definitiva al incrementar la inversión, haría menos rentable al proyecto, pero técnicamente no es ésta la posición correcta, aunque suponga un margen de seguridad en las proyecciones. Si se piensa en la exactitud de la inversión que se calcula, las cuentas por cobrar deberían ser valuadas a su costo financiero, ya que el precio de venta, por cumplimiento de requisitos contables incluye conceptos tales como utilidad y depreciación, que no constituyen, en rigor financiero, inversiones. Sin embargo, siguiendo determinados mecanismos en el cuadro financiero final, se pueden aceptar estas situaciones apelando a compensaciones, que como se verá más adelante, se computan entre los ingresos. Este u otros métodos, permiten valuar las cuentas a cobrar a valor de venta, que, al no separarse de los conceptos contables, facilita los cálculos y las verificaciones posteriores. Tampoco es aconsejable el cómputo de intereses a devengar eventualmente sobre estos activos, puesto que no revisten el carácter de inversión y sí, son ingresos pronosticados del proyecto. Distinto es el caso de las previsiones para incobrables, o deudores morosos, que sí alteran los montos invertidos en este rubro, haciéndolo en la medida en que desechan o demoren la posibilidad de cobro y por ende su transformación en dinero, en el consecuente reingreso al circuito productivo. Las condiciones de mercado del rubro en donde tendrá su influencia el proyecto, darán, en última instancia, el grado de importancia que tendrá la determinación del monto que se trata, pues esas circunstancias, pueden hacer que la inversión en cuentas por cobrar, sea el rubro más significativo del activo de trabajo o sencillamente, que carezca totalmente de relevancia. En situaciones especiales es posible que la empresa prevea la percepción de anticipos, en cuyo caso, es admisible reducir del monto de la inversión en activos de trabajo o considerar a los mismos como una fuente de fondos. Desde un punto de vista que aparece como más ordenado, es aconsejable tomar los anticipos como un pasivo a corto plazo, considerándolos por lo tanto como otra forma de financiamiento y manteniendo por separado como inversión, el monto total de activo de trabajo formado por los restantes rubros. También se supone en algunos comentarios al respecto que el menor precio que usualmente recibe el vendedor al actuar en esa forma es, en cierto modo, el interés que está pagando por el préstamo. En definitiva, este rubro es producto de factores propios de decisión y de factores externos no controlables. Los primeros constituyen las variables de la política de crédito que serán aplicables en el futuro, pero que no quedarán desligadas en ningún modo de las condiciones económicas generales. La posible modificación de las mismas, deberá ser tenida permanentemente en cuenta, inclusive pueden hacerse previsiones con respecto a la repercusión que sus eventuales variaciones acarreará al proyecto, lo que hará que sea más o menos vulnerable, pero en el cálculo financiero, bastará con la fijación de las políticas de crédito, pues las mismas suponen el conocimiento de la condición general. Las variaciones posteriores son parte de la administración de estas cuentas, tal como sucede en los demás rubros del activo corriente.

Disponibilidades mínimas

Como sucede en los restantes rubros integrantes del activo de trabajo, también por así decirlo, se conserva en la empresa un “stock de fondos permanentes”, integrado por el dinero en caja y los saldos en las cuentas corrientes bancarias. El volumen de estos fondos, guarda estrecha relación con las necesidades constantes de disponer de recursos líquidos para hacer frente a las obligaciones de diversa índole que hacen al funcionamiento de la empresa. Es evidente, que la simultaneidad cronológica de los ingresos y egresos previstos, es prácticamente imposible, por lo cual este nivel de fondos tendrá constantes fluctuaciones, pero, asimismo, tal como sucede con otros stocks, habrá un nivel mínimo indispensable para mantener todo el circuito en el ritmo deseado y a cubierto de riesgos. A estas razones comúnmente designadas como de transacción y precaución, puede añadirse una tercera de tipo puramente financiero, que guarda relación con el aprovechamiento de oportunidades en las compras, la obtención de descuentos por pronto pago, y toda otra ventaja que se derive de la inmediata disponibilidad de los recursos. Existen adicionalmente otras razones, que obligan en determinadas circunstancias a elevar el nivel mínimo de disponibilidades, siendo una de las principales, la exigencia por parte de los bancos del mantenimiento de saldos compensadores en cuenta corriente, pero que no se toman aquí en cuenta, considerando su directa vinculación con la elección y costo del financiamiento. Por similar motivo, tampoco se señala la posibilidad, bastante común, de mantener parte de estas disponibilidades en valores negociables de muy rápida liquidación, por entender que dicha situación, está vinculada al crédito eventual que puede lograrse con esa clase de inversiones, que son el monto del cálculo aquí tratado.