El crédito comercial puede adoptar formas distintas, pero a los efectos de esta clasificación, la condición básica es que su costo está dado por “descuentos por pronto pago”, ya que, si fuera documentado, garantizado o pagará intereses, según el ordenamiento que se sigue, queda tratado en lo comentado para cada una de dichas características de financiamiento. Su modalidad más difundida es la de cuenta abierta o cuenta corriente, por la cual el proveedor otorga al cliente la facilidad de pagar las compras facturadas transcurrido un cierto tiempo y por un monto total predeterminado. Este mecanismo es sumamente sencillo y se halla exento de formalidades complicadas. En los casos más comunes, después de las conversaciones preliminares, el deudor remite por lo general sus antecedentes al proveedor, tales como contrato social, poderes, balances, memorias, etc. El potencial proveedor analiza la documentación y solicita informes a otros proveedores, inclusive a bancos cuya nómina proporciona corrientemente el propio cliente, posteriormente frente a sus conclusiones, comunica al solicitante su decisión. Aceptada la apertura de cuenta, el comprador formaliza su pedido en la forma tradicional, recepcionar la mercadería y el proveedor en base al remito conformado por el cliente, envía la factura en la que quedan expresadas las condiciones de pago y registra el débito en sus libros.
El procedimiento se repite por diferentes operaciones hasta que se alcanza el monto máximo de crédito otorgado por él a su cliente. Este, que a su vez contabiliza los créditos en sus registros, debe responder al pago en las condiciones pactadas en función del vencimiento de cada operación individual; reduciendo así su saldo máximo de deuda, puede concertar otra compra hasta alcanzar nuevamente el mismo. Si el cumplimiento es correcto, las repeticiones constantes de estas operaciones sucesivas transforman en definitiva el saldo final en un pasivo de largo plazo, con vencimientos parciales de corto término. Dentro de esta modalidad característica, se presentan numerosas opciones que no es del caso detallar porque no alteran significativamente el fondo de la misma, con excepción de la referida a los plazos de pago, que sí hacen a su propia esencia y a la determinación de su costo. Las condiciones normales de venta comercial se producen por la facturación total del proveedor al precio convenido, ofreciendo al cliente la opción de obtener un descuento sobre el mismo, si efectúa el pago dentro de un cierto período o de disponer de un plazo más largo para cancelar su obligación sin aprovechar el descuento. Es decir, para el análisis del costo, que se verá más adelante al tratar el del capital, el descuento ofrecido por el proveedor debe ser considerado como un cargo que se adiciona al precio, por no cancelar una factura dentro de determinado plazo. Esta especie de costo no claramente demostrado, da lugar a numerosos errores con respecto a su real significado, ya que son los “descuentos no utilizados” los que lo determinan y no justamente los aprovechados, puestos de manifiesto normalmente por la información contable. Un simple cambio en la modalidad contable, puede proporcionar esta importante información en forma global, e inclusive extracontablemente, utilizando un simple registro.
Si bien ésta es la forma operativa más normal en esta taza, existen casos en que la cuenta corriente tradicional se ve complementada con otras condiciones, especialmente referidas a la cobertura mediante garantías, del cobro del saldo en cuenta corriente, cuando se superen los límites máximos de plazos de pago convenidos en las facturas. De esta forma es posible que la cuenta corriente esté complementada con garantías prendarias, hipotecarias o inclusive mediante garantías personales y avales. En algunos casos se utilizan las denominadas “facturas con valor”, particularmente en ramos estacionales para favorecer la colocación de la producción. Consiste en facturar las ventas en las condiciones de descuento normales, pero comenzando a computar los plazos de los mismos a partir de fecha posterior determinada. Este tipo de condiciones otorga beneficios al vendedor, no solo asignando mejores posibilidades de venta, sino también que le permite regular su producción y especialmente sus existencias. Uno de los inconvenientes que se plantea más frecuentemente en las relaciones deudor acreedor, es el pago por parte del primero en plazos que superen los acordados en las condiciones de compra o sea el auto alargamiento del crédito. Si bien una conducta de tal naturaleza por parte del comprador puede traerle consecuencias negativas, no solo ante su proveedor sino también frente a los restantes e inclusive con otros agentes financieros que observan con preocupación la creciente morosidad de la empresa, es muy posible que dentro de ciertos límites razonables se pueda posponer el pago de algunas cuentas sin que se produzcan consecuencias demasiado preocupantes. Sin embargo, esta política debe ser muy controlada, pues la respuesta de los proveedores podría traducirse en el aumento de los precios de sus productos y en tal forma no se vería claramente expresado el mayor costo financiero. Finalmente debe recordarse que este tipo de financiación, da al acreedor a su vez posibilidades de obtener recursos, ya que es factible obtenerlos utilizando las facturas a cobrar en diverso tipo de operaciones, por ejemplo, el “factoring” como se verá más adelante.