Por mantenimiento

Bajo este título se hará referencia expresa al financiamiento disponible, como consecuencia de la depreciación, imputada a gastos y derivada de diversas causas, que contribuyen a la pérdida de valor de determinados bienes del activo. Con el transcurrir del tiempo, los activos tangibles renovables experimentan una pérdida de valor atribuible a razones físicas o económicas, de la misma forma que otros recursos no renovables, la experimentan por causas de agotamiento o caducidad. En el primer caso, se produce una disminución de valor originada en el deterioro físico, a medida que los bienes prestan los servicios a los cuales están destinados y este desgaste por uso, debe reflejarse en los costos de producción, de la misma manera que los demás insumos. Sin embargo, esta pérdida de valor no se produce únicamente por la utilización del bien, sino que asimismo como consecuencia del perfeccionamiento que se opera en los equipos empleados, o el descubrimiento de nuevas técnicas, o métodos de producción, también se produce una disminución de cotización comparativa en el equipo existente, que es necesario incorporar al costo y que se conoce como obsolescencia. En general, al calcular el costo por depreciación se tienen en cuenta ambos hechos, que en realidad responden a una sola consideración económica, la de aprovechar los bienes productivos, hasta el momento en que su costo de conservación o el grado de su obsolescencia, hagan antieconómica su utilización. 

Es así que “en virtud de estas consideraciones se hable de la vida útil del activo tangible renovable, en la que se consideran en forma simultánea el desgaste físico y la obsolescencia económica, el costo por depreciación y obsolescencia, o simplemente por depreciación, que es la partida anual que hay que sumar a los demás costos de producción, para tener en cuenta la limitación en la vida útil de dichos activos”’.En los casos de depreciación por agotamiento, se pierde el valor al consumirse el recurso natural que se está explotando, así como una serie de bienes cuya vida le está íntimamente ligada y que una vez desaparecido el elemento principal perderán todo valor, por ejemplo, en el caso de explotaciones mineras o petroleras en lo que hace al recurso natural ya las instalaciones o equipos no recuperables al agotarse el yacimiento. Un hecho similar se produce en el caso de empresas beneficiarias de concesiones especiales de explotación, en que, al concluir el beneficio de la misma, deben ceder al ente otorgante de la concesión los activos invertidos. Al ser tratado anteriormente el tema sobre la formación de los activos de trabajo se hizo referencia al ciclo de producción, aquí se volverá en parte sobre ello, para completar la idea adicionando el concepto de amortización. La empresa realiza dos operaciones simultáneas que constituyen, por una parte, el denominado ciclo, siempre de corto plazo en términos relativos, y por otra parte operaciones que hacen a la vida de la misma en el largo plazo. Ambos tipos de actividades responden a necesidades diferentes que algunos autores clasifican como cíclicas y acíclicas. Las primeras están destinadas a asegurar el funcionamiento del “ciclo” dinero mercancías dinero, mientras que las segundas, señaladas como requerimientos financieros a cíclicos, tienen como finalidad asegurar la vida. 

Por ende, se explica que la distinción entre los empleos cíclicos y acíclicos no se halla ni en la duración ni en la naturaleza de los bienes a que se aplican, sino en el destino dado a los mismos dentro de la empresa. Su diferencia estriba en que en los empleos cíclicos el bien ingresa al patrimonio con el fin de ser revendido, se adquiere por lo tanto por su valor de cambio, en contrario, en el empleo acíclico su destino es ser utilizado, es decir se adquieren por su valor de uso. De ello surge la necesidad de que todo empleo cíclico, que implique una vida superior a un ejercicio, será preciso reportar su costo en varios períodos por medio de la depreciación. El precio de costo del producto vendido, comprende todos los empleos cíclicos que se computan directamente al producto, y una parte de los empleos acíclico que han permitido su fabricación, de tal forma una parte de empleos acíclico entra en el ciclo de producción y por ello puede decirse que la amortización “permite medir la transformación del empleo acíclico en empleo cíclico”.

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