Prácticamente, la forma alternativa frente a las reservas para retener las utilidades dentro de la empresa con carácter permanente, es proceder a su capitalización, es decir, transformarlas jurídicamente en capital. Esta cuestión, válida en todo tipo de sociedad, se concreta tratándose de sociedades anónimas mediante el pago de dividendos en acciones liberadas. Sin embargo, por lo general es común observar que la literatura especializada, casi sin excepción extranjera, cuando toca el importante tema de la política de dividendos, la referencia es al pago de dividendos en efectivo. Este no es el caso que aquí se trata, por cuanto justamente esa modalidad excluye a las utilidades como fuente de financiamiento, sino que por el contrario su distribución constituye un uso de fondos. La tan difundida modalidad de proceder al pago de dividendos en acciones en nuestro país, ha hecho aceptar normalmente lo que se considera una excepción en muchos otros. Diversos autores se inclinan a aceptar exclusivamente como dividendo al que se paga en efectivo, sosteniendo que, distribuyendo utilidades en acciones, el activo total del negocio permanece sin variación 1, por lo que el accionista tiene más cantidad de acciones que siguen representando el mismo valor conjunto anterior. Si se ha añadido algún valor, este es el resultado de las ganancias que se han realizado y retenido, y esto se refleja en el balance general y en el precio de mercado de las acciones en circulación sin ninguna ayuda de las formalidades de un dividendo en acciones”. Esta opinión, al margen de las consecuencias que pueda acarrear para el accionista la distribución de este tipo de dividendos, puede expresarse de otra forma diciendo, que en definitiva no altera en absoluto el autofinanciamiento por vía de utilidades, pues se trata simplemente, como en el caso de las reservas, de modificar solamente un concepto dentro de utilidades retenidas.
La decisión para el pago de dividendos en acciones, es motivada en gran parte de los casos por problemas de disponibilidades y a pesar del deseo de la empresa para disponer su pago en efectivo, pueden existir problemas de liquidez que lo hagan impracticable. Como es sabido, la utilidad no se expresa solamente en los rubros de disponibilidades del activo, sino que se halla distribuida en el conjunto de los diversos rubros o aún pudo haberse aplicado a cancelaciones de pasivo, por lo cual la obtención de los beneficios, es concomitante con su automática redistribución en el conjunto de partidas activas o pasivas del balance, lo que hace necesaria la previsión anticipada de la disponibilidad de fondos, para hacer frente a pagos en efectivo. Esta razón es de más peso si se recuerda que los beneficios que arroja una explotación en un ejercicio, sólo pueden ser distribuidos después de un plazo prudencial de la fecha de cierre, en ocasiones, puestos a disposición de los accionistas bastante más tarde de la misma, lo que hace necesario, que las previsiones financieras para hacerles frente poco tengan que ver con la situación de la firma en el momento de su obtención.
Los dividendos en acciones tienen lógicamente efectos sobre el precio de cotización de las mismas, pero su resultado depende de si van acompañados de ganancias más elevadas y/o aumento de dividendos en efectivo. En caso afirmativo es muy probable que a pesar del mayor número de acciones en circulación su precio suba, pero cuando ese no es el caso, el efecto esperado es opuesto, es decir que el determinante fundamental no es en sí la distribución o no de dividendos en acciones, sino las tendencias futuras de ganancias esperadas. Por otra parte, cuando se paga un dividendo en acciones cabría proceder al ajuste del mismo, es decir, si se acordó por ejemplo un dividendo del 10% en acciones de valor nominal $ 100 cada una, el mismo en realidad corresponde a un dividendo de $ 9,09 por una acción punto diez
El efecto que se producirá en el precio será similar supone que se cotizan a valor nominal y una vez ex dividendo, se modificará teóricamente el mismo de la siguiente manera:
Porque si supuestamente alguien fuera poseedor de 1.000 acciones antes del dividendo tendría un valor de $100.000 y después del dividendo en acciones su inversión sería de 1.100 acciones a $90.90 cada una, o sea similar a la anterior. Se da por entendido en este ejemplo teórico, que el dividendo pagado en acciones, no tenga ningún efecto que produzca un cambio de actitud de los inversionistas en cuanto a la empresa, que pueda modificar su valor en el mercado. Lo que se trata de demostrar en definitiva es que la participación de los accionistas en la empresa no se modifica, aunque haya aumentado el número de acciones que cada uno posea. Puede sí tener una incidencia favorable para el accionista este tipo de distribución, dada por el régimen impositivo aplicable. La cambiante legislación sobre el tema solo permite su enunciado, pero es importante que el análisis sobre la decisión, lo tenga particularmente en cuenta. Sin embargo, dejando de lado dichos aspectos impositivos, los dividendos de esta naturaleza pueden tener valor para los accionistas, si la sociedad mantiene constante, posteriormente a la mencionada distribución, una política de dividendos en efectivo. En cuanto a la incidencia que este tipo de decisiones tendrá específicamente en el tema tratado, financiamiento por enriquecimiento, puede ser claramente apreciada si se recuerda, que de la misma forma en que un dividendo en acciones es una fuente de fondos, un dividendo en efectivo es una aplicación, tal como fue señalado al comienzo.