Margen de seguridad financiera

En el segundo punto anterior se hace referencia a un tema de particular interés. Se refiere al tipo de fondos requeridos, que deberán guardar congruencia en su característica intrínseca, con los activos cuyo financiamiento se procura. La denominada “regla del equilibrio financiero mínimo” sintetiza con aproximación el concepto de lo expuesto pues indica que los capitales utilizados por una empresa para financiar un determinado activo, deben quedar a disposición de la misma, durante el tiempo que corresponda por lo menos, al de la inmovilización financiera que suponga el mantenimiento de dicho activo. Este hecho debe contemplarse con la necesidad de mantener un satisfactorio margen de seguridad, que en definitiva le estará dando el capital de trabajo. Como se ha visto con anterioridad, existe un activo de trabajo permanente, que debe guardar relación con el nivel de actividad de la empresa. Este activo, que constituye una verdadera inmovilización financiera, estará cubierto en mayor o menor medida por créditos de corto plazo; por lo tanto, siguiendo la regla anteriormente mencionada, el margen de seguridad descenderá en la misma proporción que tal inmovilización esté financiada por créditos que se harán exigibles antes de contar con su disponibilidad. Cuando dicha proporción se reduce, aumenta la seguridad, por cuanto ello implica que una mayor parte de los activos de trabajo permanentes, se financian con capitales propios o pasivos de largo plazo. Un sencillo esquema ilustra lo expuesto. Como puede apreciarse, el margen de seguridad financiera se incrementará, en la medida que los activos de trabajo sean financiados en mayor proporción por recursos no exigibles a corto plazo, que en definitiva sólo implica el aumento del capital de trabajo, como consecuencia de la reducción de ese tipo de pasivo. 

Es decir, el límite máximo de la seguridad lo daría la no existencia de tal pasivo, hecho fácilmente comprobable, pero no siempre conveniente, atendiendo a la rentabilidad y a que es justamente el tipo de fondos ofertados de mayor magnitud, donde sus principales fuentes oferentes son los proveedores y la banca comercial. Por ambas razones, por un lado, la necesidad de mantener un adecuado margen de seguridad y por el otro la de concurrir obligadamente a un mercado de corto plazo, hacen que este tema, en la decisión de los medios de financiación, sea realmente trascendente en la elección. Ya se ha visto anteriormente cómo se integran y constituyen los activos de trabajo, así también las distintas acepciones que se aplican al término fondos, identificándose unos autores con las disponibilidades de la empresa y otros con los empleos cíclicos del capital circulante. Siguiendo el criterio mencionado sobre capital de trabajo, debe tenerse presente entonces que el nivel del mismo, lo dará en primer lugar el de la actividad económica de la empresa. Para que su situación financiera sea de equilibrio “no es suficiente que el importe total de los recursos que la misma ha recibido sea igual al importe total de las necesidades de todo tipo, es preciso que los plazos por los que dichos recursos han sido puestos a disposición de la empresa se correspondan con la duración de los empleos efectuados con los mismos”. 

La idea que se pretende dar a este tema como elemento de análisis, queda sintetizada por dicho autor expresando más adelante, la necesidad de que la empresa o el proyecto tenga un “fondo de maniobra y que éste debe tener el volumen suficiente para cubrir el riesgo de pérdida o de inmovilización respecto a su activo realizable y disponible. Concluyendo entonces, el volumen de actividad y condiciones propias de la constitución de los activos de trabajo, serán pautas básicas para la elección de financiamiento, el que deberá ser obtenido en las mejores condiciones posibles que ofrezca el mercado.