Costos de oportunidad

La utilización de este concepto en el tema tratado debe hacerse con suma precaución, dado que necesariamente, deberá intervenir en el análisis una dosis no despreciable de subjetividad. Sin embargo, no puede desestimarse en la determinación de los flujos, sobre todo en aquellas ocasiones en que la inversión puede hacer utilizable un equipo actualmente en desuso, o darle mayor uso a uno, sólo utilizado parcialmente. En general, deberá tenerse presente la posibilidad que brindan dichos equipos en transformarse o no en ingresos efectivos. Por ejemplo, qué posibilidad de realización tendrían si no fueran utilizados en el nuevo proyecto. En caso de que fuera factible proceder a su venta, ese costo de oportunidad deberá ser incluido como tal, incrementando el valor de la nueva inversión y consecuentemente, incluyendo la depreciación en el cálculo de los futuros beneficios esperados. Tratándose en cambio de situaciones menos precisas, los cálculos de este tipo pueden hacerse sumamente dificultosos y dar lugar a apreciaciones erróneas, que llevan, asimismo, a decisiones equivocadas, por lo cual la precaución debe ser la regla más importante a tener en cuenta en estas circunstancias.

Incidencia de la depreciación

Los gastos por depreciación son imputados, por lo tanto, no constituyen una salida de efectivo, no obstante, tendrán su incidencia en forma indirecta, de acuerdo a los efectos que se deriven de su deducción con finalidad impositiva. O sea, la depreciación al ser deducible para el pago de los impuestos sobre las utilidades, tendrá trascendencia en el movimiento de los flujos de efectivo por vía de la disminución de egresos, separadamente de la que le corresponde como rubro productor de ingresos. Considerando lo expuesto, cabe hacer aquí algún comentario especial cuando se trate de la incorporación de un activo nuevo depreciable que no implique en el proyecto el reemplazo de uno usado. En tal caso, tendremos que al efectivo neto que se obtenga después de impuestos generado por la inversión, corresponderá el producido neto de efectivo (aumento de ingresos o reducción de egresos), menos la tasa de impuesto que resulte aplicable, por la diferencia entre el efectivo neto antes de impuestos menos la depreciación, es decir:

Fu=Fi-T(Fi-D)

Fu=Flujo neto después de impuestos

Fi= Flujo neto antes de impuestos

T /Tasa de impuesto sobre las ganancias

D =Depreciación anual

Ejemplificando: Se supone que la realización del proyecto produce ingresos netos antes de impuestos por $10.000 y que la depreciación anual ascenderá a $1.000. Siendo la tasa impositiva aplicable del 30%, los ingresos netos serán los siguientes:

Fi T Fi F11110.000-[0.30⋅(10.000-1.000)]=1-731.177.300

Ahora bien, tratándose de un proyecto que supone el reemplazo de activos depreciables, se debe tener en cuenta, que, si bien se obtiene un beneficio fiscal por la depreciación del nuevo bien, se pierde, asimismo, el que surgía de la depreciación del anterior. La incidencia que se refleja por lo tanto en el flujo neto de efectivo, como consecuencia de la situación planteada, será igual a la diferencia entre ambas depreciaciones. Incorporando estos conceptos a lo expuesto anteriormente tendremos:

Fu=Fi-[T(Fi-D+Da)]Aplicando el ejemplo anterior se tendría, suponiendo que la depreciación anterior fuese de $ 300, 1o siguiente:

Los egresos

La referencia de este apartado, es sobre los egresos que resultan de llevarse a cabo el proyecto y al calificarlos como operativos, quedan automáticamente diferenciados de los efectuados para hacer frente a las inversiones. Ya se mencionó sobre la necesidad de establecer un método claro, para separar unos de otros, cuando se trata de gastos que pueden comprenderse en ambos conceptos, por ejemplo, los de administración durante la instalación, seguros, patentes y aun característicos de explotación, como en el caso de los de puesta en marcha. El problema fue resuelto individualizando como inversiones, a todos los egresos requeridos hasta la producción de la primera unidad comercializable, concepto que incluye los propios de la puesta en marcha; por lo tanto, los egresos que aquí se mencionan serán precisamente los posteriores a la misma y corresponderá al proyecto ya en operación. Siguiendo la norma establecida en todo el análisis financiero de las decisiones de inversión, cabe recordar que se computarán estos egresos por el sistema del percibido y no es preciso, ceñirse para su cálculo, a los tradicionales métodos contables, pues sus esquemas pueden ser menos elaborados que los que demanda una empresa en funcionamiento, siendo preferible que la agrupación de datos se haga más con miras a la evaluación. Las características propias del proyecto, deberán indicar los modelos más convenientes para la clasificación y subdivisión de rubros, pero el mayor cuidado deberá centrarse, en la uniformidad del criterio a seguir, evitando las duplicaciones. Por ejemplo, es posible computar como egresos los costos totales de producción, considerando en los mismos la depreciación, o inclusive los intereses, ya que el resultado final de los cuadros financieros será el mismo, en cualquier caso, si teniéndose presente el criterio aplicado, se compensa la depreciación incluida en los costos, con un ingreso por dicho concepto y monto y no se computan costos financieros por separado. Es aconsejable, para evitar frecuentes errores proceder del modo descrito, es decir, tomando en el cálculo de los flujos netos, tanto en ingresos como en egresos, siempre valores positivos sin deducciones de ninguna clase, compensados cuando corresponde en forma explícita en el apartado opuesto. Así se procederá en el ejemplo citado, a calcular los costos totales con depreciación entre los egresos y la depreciación por separado entre los ingresos, aplicándose criterio semejante cuando sea pertinente. En líneas generales, los rubros que integran los egresos operativos serán los costos totales, que para mayor facilidad y atento a la procedencia de la información base de su cálculo, pueden dividirse en los corrientes conceptos de costos de producción, administración y ventas, quedando los financieros, como egreso separado, por haberse adoptado para la exposición el criterio ya mencionado del proyecto puro.