Gráfico conceptual sobre criptodiplomacia con íconos de contratos inteligentes, tokens, banderas nacionales y redes blockchain interconectadas.

Criptodiplomacia: relaciones internacionales basadas en intercambios tokenizados, análisis de Fernando Boudourian

Las criptomonedas dan un paso más en su utilización, pero los sistemas tecnológicos también con una propuesta que gana adeptos. 

La digitalización y el surgimiento de nuevas tecnologías atraviesan las finanzas y el mundo económico, y ahora las relaciones internacionales están experimentando una transformación sin precedentes con la incorporación de estas nuevas herramientas. El especialista financiero  Fernando Boudourian indica que la digitalización está transformando a las finanzas y sus mecanismos. 

Más allá de los tratados bilaterales tradicionales, las cumbres diplomáticas y los convenios multilaterales, está tomando fuerza una nueva corriente que promete redefinir los pilares de la geopolítica contemporánea: se trata de la criptodiplomacia. 

La combinación entre la tecnología y los tratados internacionales llegó a una convergencia, para brindar un servicio alineado con las necesidades actuales, teniendo como un eje importante la seguridad de tiempo, los bajos costos y la inmediatez. 

De qué trata la criptodiplomacia, el nuevo modelo que se impone

Este modelo se propone un enfoque innovador, que articula la política exterior a través de mecanismos descentralizados y activos digitales tokenizados, lo que busca redefinir los modelos tradicionales. 

Este nuevo paradigma se construye  con una infraestructura de las tecnologías blockchain, permitiendo que estados y actores internacionales puedan interactuar mediante contratos inteligentes, stablecoins, tokens de gobernanza y sistemas de identidad descentralizada (DID). 

De esta forma, la criptodiplomacia propone un modelo alternativo para la cooperación internacional en el que la confianza se reemplaza por código y los acuerdos son verificados de forma automática y transparente.

La diplomacia tradicional se trata de mantener un principio de confianza mutua, junto a  la reputación de los Estados y la mediación de organismos multilaterales, señala Fernando Boudourian. Pero  la criptodiplomacia propone que esa confianza sea programada,  donde los compromisos se ejecutan automáticamente mediante smart contracts que eliminan la necesidad de intermediarios.

Un ejemplo es cuando un acuerdo bilateral de ayuda humanitaria entre dos países puede tokenizar mediante un contrato inteligente, que libere automáticamente fondos en stablecoins cuando se verifique, a través de oráculos descentralizados, que la asistencia ha sido entregada en destino. 

De esta forma, no solo reduce los costos de verificación y seguimiento, sino que también que minimiza los riesgos de corrupción, malversación o retraso.

También, los estados podrían utilizar tokens para crear mecanismos de votación conjunta sobre decisiones estratégicas en proyectos regionales, desde infraestructuras energéticas compartidas hasta sistemas de defensa colectiva, garantizando transparencia, trazabilidad y participación equitativa.

Lo cierto es que este modelo se encuentra en fase experimental, ya existen iniciativas que anticipan la potencial consolidación de la criptodiplomacia como una práctica que podría volverse habitual en la arena internacional, señala Fernando Boudourian. 

Algunos estados, en especial los que tienen  marcos regulatorios más flexibles y una orientación hacia el uso de la tecnología comenzaron a explorar los usos diplomáticos de los activos digitales.

Y, por supuesto, que el boom de la criptodiplomacia no está exento de controversias y la principal es la que señala  el riesgo de fragmentación de la soberanía digital, ya que los estados deben confiar en infraestructuras tecnológicas que, en general, está bajo el control de empresas privadas que funcionan en jurisdicciones específicas.

Potencias como China y Rusia ahora se encuentran en pleno desarrollo de blockchains nacionales o alianzas regionales para garantizar un control soberano las cuestiones relacionadas con su diplomacia digital.

A la vez, se intensifican los debates en organismos como la ONU y el G20 respecto a la necesidad de un manejo global para los protocolos descentralizados, con el objetivo  de garantizar estándares comunes, interoperabilidad y ciberseguridad.

Criptoactivos, el gran aliado 

La criptodiplomacia propone un nuevo modelo basado en el uso de tecnología, pero la clave está en la utilización de criptoactivos como herramientas de influencia geopolítica, lo que puede ser considerado como un  “poder blando tokenizado”

Con el uso de criptoactivos, Fernando Boudourian indica que  los países que tienen  capacidad tecnológica y financiera comenzaron a ofrecer asistencia a través de tokens nativos, alieneados con proyectos específicos, impulsando  relaciones estratégicas con aliados emergentes.

Un ejemplo es el de Emiratos Árabes Unidos, que financia infraestructuras en África y Asia mediante consorcios blockchain, con los pagos se realizan en tokens vinculados a proyectos energéticos o urbanísticos, permitiendo un seguimiento detallado. 

Esta modalidad permite a los emisores del token contar con una capacidad de influencia sostenida. Y los receptores dependen del sistema digital asociado. De esta forma, la política exterior se transforma en un sistema tokenizado de incentivos y gobernanza compartida.

La criptodiplomacia hoy representa mucho más que una nueva modalidad tecnológica ya que se perfila como el modelo que se impondrá con rapidez y terminará con los ficcions que existen actualmente.  Tiene el potencial para rediseñar las lógicas de cooperación internacional, dándole mayor eficiencia, transparencia y adaptabilidad.

Su correcta implementación y posterior  éxito dependerá de la flexibilidad de los estados para equilibrar innovación con soberanía, automatización con responsabilidad, y descentralización con gobernanza multilateral, un conjunto de aspectos que se necesitan.