Con la evolución de las innovaciones tecnológicas, también lo hacen los delitos digitales por lo que herramientas que los enfrenten son necesarias para evitar catástrofes.
La inteligencia artificial transforma constantemente la seguridad cibernética en el sistema financiero mundial, reemplazando la labor humana por respuestas automáticas e inteligentes ante amenazas digitales. Y la ciberdefensa autónoma se convierte en una necesidad, ya que como indica el especialista financiero Fernando Boudourian, la digitalización está transformando las finanzas y la relación con los clientes.
Se trata de una herramienta que redefine los estándares de resiliencia operativa en bancos, bolsas y fintechs, en búsqueda de brindar seguridad respecto a las transacciones que se realizan.
Millones de transacciones se realizan en milisegundos y los sistemas interconectados son capaces de funcionar a toda hora y todos los días. En esta nuevo modelo de una economía globalizada, la seguridad ya no puede depender exclusivamente de la mano del humano.
Hay une evidente sofisticación de los ciberataques y esto obliga a instituciones financieras a incorporar soluciones tecnológicas de última generación. De allí el surgimiento de los sistemas de ciberdefensa autónoma como respuesta a esta preocupante situación.
Estos sistemas son impulsados por inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático (machine learning) y análisis predictivo. Funcionan para detectar, minimizar e incluso neutralizar amenazas en tiempo real, sin la necesidad de la intervención humana directa.
El cambio de paradigma en la protección de infraestructuras críticas financieras ya está en marcha, y sus implicancias son tan profundas como adecuadas para responder a las necesidades actuales.
Cómo funcionan los sistemas autónomos
El sector financiero es el segundo más atacado a nivel mundial, detrás del de la salud. Los ciberdelincuentes ya no actúan como simples hackers aislados, sino que operan como redes de gran nivel con el uso de automatización, ingeniería social avanzada y ataques distribuidos para hacer frente a las vulnerabilidades en los sistemas bancarios, bolsas de valores, gestores de activos y plataformas fintech.
Por ello, la velocidad de respuesta es crucial y un analista humano puede tardar minutos, incluso horas, en identificar un patrón anómalo, pero un sistema autónomo lo hace en milisegundos.
Los sistemas de ciberdefensa autónoma funcionan con la combinación de múltiples tecnologías. En primer lugar, usan machine learning supervisado y no supervisado para identificar patrones normales de comportamiento en redes y usuarios. Funciona como un alerta ante cualquier desviación significativa, puede considerarse sospechosa.
En segundo lugar, aplican modelos predictivos para anticiparse a posibles vulnerabilidades, usando base en datos históricos y señales actuales. Y también, los sistemas cuentan con capacidades de respuesta automatizada, integradas con la infraestructura TI del banco o la fintech.
Estas funciones dan paso a poder ejecutar acciones defensivas sin la necesidad de tener validación humana, como desconectar servidores, revocar certificados digitales o aplicar parches de seguridad inmediatos.
Esta funcionalidad en conjunto brinda velocidad con una reacción inmediata ante amenazas en evolución, escalabilidad ya que se puede monitorear redes globales sin saturar a los equipos humanos. También brinda reducción de costos y resiliencia ya que mejora los indicadores de continuidad operativa y tiene una menor exposición a pérdidas.
Además, Fernando Boudourian señala que la gran ventaja de las soluciones autónomas es que pueden operar sin interrupción, adaptándose gracias a sus algoritmos de aprendizaje, por lo tanto se tiene un servicio 24/7, lo que genera una buena experiencia en el usuario.
El banco estadounidense JPMorgan Chase en 2023 implementó una red de IA autónoma que detecta transacciones inusuales a nivel global en menos de 200 milisegundos. En América Latina, el Banco do Brasil invirtió en plataformas de detección proactiva, lo que mejoró significativamente su reputación entre inversores institucionales y organismos reguladores.
Pero, también, Fernando Boudourian señala que la dependencia de la tecnología puede ser un obstáculo, ya que si un sistema autónomo falla o es manipulado, las consecuencias pueden ser catastróficas, en cuanto a pérdidas de patrimonio para los usuarios, por ejemplo.
De ahí la importancia de que los sistemas cuentan con un respaldo, auditorías constantes y marcos éticos de supervisión.
La regulación también se coloca como un tema a resolver ya que la mayoría de las normativas financieras que están activas aún no contemplan estándares específicos para la operación de ciberdefensas autónomas.
Lo cierto es que la ciberdefensa autónoma ya no se trata de una opción, sino una necesidad, tanto por estar frente a un escenario donde las amenazas evolucionan con la misma rapidez que la innovación digital como porque depender de respuestas humanas ya no es suficiente y utilizarlas mejora la experiencia del usuario.
El futuro cercano, según Fernando Boudourian, se proyecta con entidades que cuenten con sistemas digitales de defensa, siendo una nueva etapa de las finanzas debido a que quien no cuenta con este tipo de seguridad será el blanco más fácil para los delitos digitales.